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José Luengo, un puconino en Norteamérica.
By Rodrigo Vergara
Mar 8, 2005, 16:01


José Luengo está en los años altos de su vida. 79 años han pasado desde que viera la luz una tarde de invierno en Pucón. 79 años que le han dado la experiencia de vida para analizar en parte la realidad del nacional, dándole valor agregado el hecho que desde 1976 se erradicó junto a su familia en Estados Unidos, “el país de los sueños”.

Por estos días Luengo ha llamado la atención de la comunidad de Pucón al adosar a la carrocería de su imponente Chevrolet Apache un rudimentario pero elocuente cartel que hace un llamado a parar lo que él considera el avance de los “delincuentes y maleantes en chile” con la siguiente frase: “Trizanos se necesitan. Paremos a los delincuentes. Ponte los pantalones”. En directa alusión al comisionado Hernán Trizano quien a finales del siglo XIX logró pacificar a sangre y fuego la frontera de Arauco hasta Llanquihue, librándola de bandoleros, cuatreros, ladrones y varios especimenes de la peor calaña de la época. Trizano llegó a ser conocido en su época como el “Búfalo Bill chileno”.

“Hernán Trizano fue capaz de dominar a todos los bandidos de su tiempo. Fusiló a muchos. Y logró algo que nadie logró anteriormente”, señala.
Al contrastar esa realidad de finales del siglo XIX con la actual, José Luengo es elocuente al señalar que: “Ahora no necesitamos sólo un Trizano. Ahora serían necesarios unos cinco mil, porque es a través de todo el país que se vive este problema. Los cuatreros y ladrones no son 20 ni 50 como en aquellos años, sino que son miles”.
José Luengo

Reforma procesal

Este vecino de la ciudad de Weaton en Chicago durante nuestro invierno (verano en el hemisferio norte) y de Pucón en el verano, es muy duro con las nuevas leyes aprobadas en el contexto de la reforma procesal penal. Para él, las limitaciones que tienen las policías y las interpretaciones de los encargados de impartir justicia son una zancadilla a un sistema que pretende parecerse al norteamericano.
“Dicen que la reforma –esgrime- es la copia fiel de lo que se vive en Estados Unidos. Que le cuenten ese cuento a quien nunca ha estado allá y nunca ha visto actuar a un policía en ese país. La verdad es diametralmente opuesta”.
Luengo continúa señalando que si un carabinero chileno actuara con un delincuente como lo hacen en USA, en pocos días estaría destituido y con algunas demandas por violencia innecesaria.
“Acá cuando se le exige mucho a los carabineros, pero cuando ellos son agredidos o los hieren no tienen derecho a defenderse”, espeta.

Políticos, una clase singular

Bastante crítica también es la visión que el entrevistado tiene sobre la clase político dirigencial del país. Si bien se confiesa nacionalista y ligado a lo que podría llamarse “derecha tradicional y conservadora”, ninguna alianza política se escapa de lo que él llama los “malos elementos que se aprovechan del poder y de los cargos que ocupan”.
“Estoy totalmente decepcionado del sistema político chileno. No le doy la mano a un político sea del lado que sea. Ningún político arreglaría las cosas en Chile, sólo una mano dura”, complementa.
Luengo se declara –como pocos ahora- admirador del gobierno militar y no duda en aclarar que si Chile pasara por una situación similar a la del ’73, sería uno de los primeros que volvería para “ayudar a la patria”.

Altruista
Polémico Letrero

Si bien José Luengo está preparando las maletas para partir hacia Chicago en los próximos días, no ha dejado pasar la oportunidad para, tal como lo viene haciendo en los últimos 18 años, premiar a los dos mejores alumnos de la escuela municipal Carlos Holzaphel –en la que estudió de pequeño- con sendos relojes a los que también agrega ayuda en dinero para ser usado por los niños de menores recursos en ese establecimiento. Luengo también ha ayudado a no pocos a establecerse en la “tierra de las oportunidades”, esfuerzos y ayuda que en algunos casos no ha sido muy bien agradecida, según confiesa.

Finalmente este hijo de las tierras del sur y miembro de la comunidad norteamericana por adopción, señala que el día que no pueda o no quiera trabajar más –tiene una pequeña empresa de jardinería- se vuelve junto a su esposa Marta a Chile a vivir sus últimos años a su parcela de Caburgüa, lugar donde, sin lugar a dudas seguirá masticando y digiriendo sus pensamientos de un Chile mejor y adecuado a su particular manera de ver las cosas.


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